Shemoth 18:1 – 20:23
La perashá de esta semana se titula Yitró, en honor al suegro de nuestro Maestro Moshé. Eben Ezrá dice que el incidente de Yitró ocurrió el segundo año después de la salida de Egipto, ya que él ofrendó al Eterno. Como no se podía hacer otro altar, Eben Ezrá explica que el altar que menciona tuvo que haber sido el altar del Mishkán. Según los geonim, esto ocurrió antes de Matán Toráh.
La perashá anterior termina con Amaleq y Refidim y la perashá Yitró termina con Refidim. Los Sabios de Israel honraron a éste hombre por causa del consejo ingenuoso que le dio a Moshé. El texto dice que Moshé se pasaba el día entero juzgando varios casos. Esto cansa a cualquiera, ya que el juicio requiere usar la falcutad intelectual. Yitró le sugirió a su nuero poner hombres de valor, de verdad y temerosos del Cielo sobre miles, cientos, cinquenta y diez para juzgar los casos menores. Note que el grupo más pequeño era de 10, lo cual indica un minyán (quorum que representa a la comunidad). Este consejo sirvió como fundamento del sistema jurídico de Israel. La Mishnáh Sanedrín explica que había tribunales de 3 jueces, 23 jueces y 71 jueces. Los casos menores se resolvían localmente con 3 jueces. En el caso que no llegaban a un acuerdo, se podía ir delante de los 23 jueces. Finalmente, para los casos de penal capital, era necesario ir delante de los 71 jueces, la Corte Suprema de Israel. Es a éste último tribunal que se refiere en la perashá Shofetim, que se debe obedecer a los jueces de Israel, y no desviarse ni a la izquierda ni a la derecha, no sea que sufra extirpación (“caret”) (Debarim 17). El Talmud nos enseña que sólamente estos podían legislar leyes para proteger los mandamientos de la Ley (mishmeret). Al contrario, un juez que no estaba de acuerdo con el juicio y actuaba en contra de la opinión mayoritaria se consideraba un zaquén mamré (juez en desacato). El Talmud describe varios casos de jueces como tales. Ahí aprendemos que por más inteligente que sea uno, debemos inclinarnos al juicio de la mayoría. Está escrito, “En la multitud de consejos está la sabiduría”. (Mishlé)
Adonay, bendicho sea, dijo que El sacó a los hijos de Israel de Egipto sobre alas de águilas, para que fueran un pueblo escogido. Onkelos traduce “escogido” como “querido” en el arameo. Somos queridos por causa de nuestros patriarcas Abraham (amigo del Dio), Yisḥaq e Israel. Así como El nos sacó sobre alas del águila, nos volverá a nuestra Tierra. Los judíos de Yemén tenían esta tradición y cuando vieron los aviones de Israel, interpretaron que habían llegado las “águilas” a llevárselos. La Toráh se reveló en un desierto para dar una pista que el pueblo tendría que guardarla en el exilio, fuera de la Tierra prometida. Vivir en Israel bajo el dominio Davídico es un sueño que todos tenemos y un privilegio que depende de cumplir miṣwot. El profeta Yesha’yahu dijo, “Pero aquellos que confían en Adonay, renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán”. (Yesh. 40:31).
Que Adonay, alabado sea, nos dé fuerza y sabiduría para ser siervos fieles.
Hakham Yehonatan Elazar-De Mota