Shemoth 13:17 – 17:16
“La memoria del justo será recordada para bién, más la memoria del inícuo será puesto en el olvido”.
(En memoria de mi primer maestro de Toráh, el Ḥakham Yosef ben Shelomó Benarroch de bendicha memoria, nacido en Tangers, Marruecos)
En la actualidad, los hindúes veneran alrededor de 33 millones de dioses. A pesar de que los Vedas (textos sagrados del hinduismo que datan más de 5000 años) afirman que hay un sólo Dio Creador (Brahma), a través de las épocas, ellos han venerado las diferentes manifestaciones del Dio, Bendicho sea. Hay algo que aprender de los hindúes, aunque somos monoteístas estrictos, y eso es cómo percibir al Señor del Mundo en todo.
Los hijos de Israel salieron de Egipto y llegaron a las orillas del Yam Suf (Mar de los Juncos). Luego, al darse cuenta que el ejército egipcio venía detrás, comenzaron a sentir pavor. Entonces, los hijos de Israel gimieron al Eterno, alabado sea y preguntaron a Moshé, “¿Acaso no había sepulcros en Egipto para nosotros, que tuviste que sacarnos de allí para matarnos en el desierto?” El Eterno, bendito sea, respondió al clamor de Sus hijos diciendo, “¿Por qué clamas a Mí? Dile a los hijos de Israel que marchen”.
Dice el texto Shemoth 13:21, que El Eterno andaban durante el día como nube para refrescarles en el camino y como columna de fuego durante la noche para iluminarles el camino. Aquí la Toráh nos da una pista contextual, para demostrarnos que El Eterno se encontraba muy cerca al pueblo. Por otro lado, es evidente que el pueblo no se daba cuenta que El Dio, alabado sea, estaba ahí. Esto ayuda entender por qué la humanidad tiene la necesidad de crear una imagen de la Divinidad; le es difícil ver a un Dio invisible. En realidad, el Creador, bendito sea, está muy cerca de nosotros. Al contemplar los cielos, el reino animal, el reino botánico y mineral, al considerar los ciclos naturales y los procesos evolutivos, veremos al Dio invisible. Cada día El Cielo nos invita a marchar hacia delante con emunáh (fe y obediencia).
Cuenta una historia de un hombre que mientras se ahogaba en el mar clamaba: “¡Oh Dio, ayúdame!” Luego de esto pasó un pescador en un barco ofreciendo ayudarlo. Este respondió, “Estoy esperando que el Dio me ayude”. Un tiempo después, se acercó un helicóptero para auxiliarlo. Sin embargo, el respondió, “Estoy esperando que el Dio e ayude”. Finalmente, el hombre se ahogó; y cuando llegó delante del tribunal celestial, él preguntó, “¿Por qué no me salvaste?” El Juez respondió, “Te envié un pescador en un barco y después un helicóptero, pero rechazaste Mi ayuda”.
¡Si quieres ver al Dio bendicho, cierra tus ojos y anda!
Hakham Yehonatan Elazar-De Mota