Shemoth 21:1 – 24:18
Perashá Mishpatim, junto con Perashá Yitró, constituye una de las secciones más únicas y poderosas de la Torá. Ambas porciones son inseparables.
Por un lado, encontramos la grandeza y el carácter épico de Perashá Yitró: el sonido del shofar, los relámpagos y truenos en el Monte Sinaí, el clímax de los Diez Mandamientos — la revelación más sobrecogedora experimentada por una nación. Fue un momento que paralizó la creación misma y que continúa influyendo no solo al judaísmo, sino incluso a otras religiones hasta el día de hoy.
Por otro lado, inmediatamente después, la Torá presenta una serie detallada de estatutos y ordenanzas que regulan la vida diaria: las interacciones sociales, transacciones comerciales, daños y perjuicios, procedimientos judiciales, compensaciones y litigios. La Torá desciende del estruendo del Sinaí al tribunal, del fuego divino al derecho civil.
¿Qué significa esto?
Es imposible no pensar en la Mishná — la Torá Oral, La Ley Mental. Perashá Mishpatim suena notablemente similar a los tratados Baba Kama, Sanedrín y otros, particularmente del cuarto Orden de la Mishná, Nezikím (Daños), que codifica las leyes civiles y penales mosaicas. Por esta razón, este Orden ha recibido una atención especial por parte de estudiantes y eruditos, probablemente más que cualquier otro.
Desde la primera línea de Bava Kama, la Mishná enumera las cuatro categorías principales de daños y cita como fuente Éxodo 21:28 y 22:4 — ambos versículos pertenecientes a Parashat Mishpatim.
La yuxtaposición de estas dos perashot enseña un principio fundamental: cuando dos porciones de la Torá aparecen consecutivamente, su conexión es intencional y profunda. Las interacciones comerciales y sociales cotidianas no son menos sagradas que la Revelación del Sinaí. Una porción enfatiza la creencias, la identidad, el pacto y el destino eterno de Israel; la otra nos trae de regreso a la tierra — a nuestro prójimo, a la responsabilidad, a la justicia en la vida diaria.
El mensaje es claro: lo sagrado y lo cotidiano no están separados. Son una unidad.
Para quienes niegan la existencia de una Torá Oral, aquí surge una dificultad evidente. La Mishná ya está implícita dentro de la Torá Escrita. La estructura legal de Nezikím fluye directamente de Mishpatim. Vivimos en este mundo, y absolutamente todo está contemplado dentro de la ley divina. No existe división entre la santidad ritual y la conducta civil. Lo mundano y lo sagrado están igualmente dentro del pacto. NO hay separación.
Incluso desde una perspectiva estructural, encontramos simbolismo. El tratado Sanedrín ocupa una posición central dentro de la Mishná. En su comienzo, hace referencia a Éxodo 22:4 — la ley de la compensación doble. El tratado central actúa como el corazón de la Torá Oral, el punto de equilibrio entre sus partes. La justicia se encuentra en el centro.
Nuestra Torá es tanto épica como práctica, trascendente e inmanente, celestial y terrenal. Es integral y universal.
Más revelador aún es que tanto en Yitró como en Mishpatim aparece la declaración más sublime pronunciada por la nación:
“Todo lo que el Eterno ha dicho, haremos” (Shemot 19:8).
Y nuevamente:
“Haremos y escucharemos” (Shemot 24:7).
Estas palabras sellaron el destino de Israel como nación elegida y definieron la naturaleza de la Torá — no como mera filosofía abstracta, sino como acción. No solamente estudio, sino práctica del pacto. La Torá no es solo para aprenderla; es para vivirla.
Moshe Ben Abraham